La cruz y el crucificado

 

Y él (Cristo) es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. (1 Juan 2:2)

Cristo Jesús logró, con su sacrificio en la cruz, limpiar nuestros pecados, los nuestros especialmente y también los de toda la humanidad, como afirma San Juan en su carta católica de la Biblia antes citada.

Es muy importante captar todo el mensaje que este nuestro Nuevo Testamento de la Biblia nos transmite. Es muy importante cuando se está comenzando débilmente a creer afirmarnos en las verdades que transmite, que son la base de todas las doctrinas cristianas y apostólicas, y por lo tanto, católicas, pues fueron escritas basadas en los testimonios de los mismos apóstoles. También cuando queremos regresar a aquella fe que habíamos perdido, y no podemos más que emprender un regreso débil. Sea débil o fuerte, es muy importante cimentarnos sobre ese cúmulo de verdades.

Una de las cosas que nos podría ayudar mucho es leer la carta de San Pablo a los Romanos. En ella podríamos descubrir claves que serían útiles a nuestro comienzo. Descubriríamos el significado del Evangelio de la Misericordia para con quien busca el encuentro con Dios o la manifestación de Dios Espíritu, y el alcance de la obra hecha en la cruz para asegurar tal cosa, tan necesaria. La autenticidad de la experiencia puede causarnos problemas pero a la larga usted estará tan satisfecho y tan agradecido que no importará cuánto haya sufrido ni cuánto lo hayan rechazado, ofendido o quizás odiado.

Entre esas verdades y en el centro de todo está la santa cruz con el crucificado. Ahí está nuestro Cristo, diciéndo: “Te limpié de tus pecados ante Dios con lo que hice por tí en la cruz. Hablo de tus pecados pasados, presentes y futuros… todos. Yo sé lo que hiciste y lo que harás. Sé incluso por qué lo has hecho y por qué lo harás. Lo mejor es que tú lo crees.”

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:18)

porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. (Hebreos 10:14)

Algunos piensan que Dios se desespera porque cambiemos. No es cierto. Pero una cosa es cierta: Él le dará un nuevo objetivo a tu vida. ¿Cuál es? Descúbrelo por tí mismo, con la lectura del Evangelio.

 

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