
Así fue, parafraseando, como leí en una revista católica llamada Palabra Nueva una descripción que se hacía de la niña Beata Laura Vicuña y su percepción de la oración o los rezos en las clases de religión de su colegio. (Fue una niña que dio su vida para salvar a su madre.)
Trato ahora este tema porque es muy bueno que quien no tiene deseos de hacer otra cosa, pudiera tener deseos de orar y de orar bien. A veces, quienes empiezan a creer de verdad en Dios, no pueden hacer otra cosa que orar.
Muchos se preguntan: “pero ¿qué es orar?”
Otros se preguntan: “¿orar es lo mismo que rezar?”
A la primera pregunta respondo:
Orar es hablar con alguien, ya sea otra persona, Dios, un ángel, etcétera. ¿Por qué? Porque por eso existen los oradores, quienes hablan a una multitud, y no solo a Dios. Lo aclaro porque muchos cristianos no católicos dicen que orar es hablar con Dios, y en eso consiste la imprecisión de ellos. Orar es hablar con otra u otras personas, y eso puede incluir a Dios o no. Y en ese momento somos oradores.
Y a la segunda respondo:
Orar es lo mismo que rezar, solo que, el rezo es un tipo de oración que se conoce de memoria o se lee de un escrito, o simplemente está escrita en un lugar para que alguien cualquiera que pase la lea.
¿Qué es la oración o rezo?
Una frase -o serie de frases- que se ha compuesto -o se compone por el camino- para que otra persona lo lea o lo sepa.
¿Y cómo se ora a Dios?
Bueno, a Dios se le ora con sinceridad, con confianza, con humildad o con cualquier otra virtud de la que seamos conscientes pero, siempre de corazón.
No debe ser un acto mecánico o meramente una repetición cuyo objetivo sea cumplir una meta.
A ninguna persona le gustaría que le hablaran mecánicamente si no se hace con el corazón. A muy pocas personas que conozco, en su sano juicio, le gustaría que le engañaran o que le dirigieran palabras sin sinceridad, sin amor, sin confianza, sin humildad… en una palabra, sin el corazón.
Y tanto Dios, como cualquier otra persona, ya viva en la tierra o en el cielo, es similar.
Sin embargo, la oración que le dirigimos a Dios no llega a veces porque no debemos excedernos en el exagerado uso de palabras, ni apurarnos para salir de eso, pues solo somos hombres sobre la tierra, y comparados con Dios no somos nada, y así mismo lo dice la Biblia:
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. (Eclesiastés 5:2)
Así que mejor, tengamos calma al hablar con Él.
El fruto de justicia se siembra en paz para los que hacen la paz.(Santiago 3.18)
Note que lo que Dios mira es el corazón más allá de las apariencias. El corazón puede proferir palabras, o sea, Dios ve lo que se le dice desde el corazón. Usted no necesita ni mover los labios. Ni a Dios le importa tanto el movimiento de sus labios ni las articulaciones de su boca y de su lengua, ni siquiera estar arrodillados o hacer la señal de la cruz, solo exteriormente, quiero decir. Es todo despreciable para él. Lo único que él valora mucho más es lo que sale de nuestro interior. Lo exterior es casi nada para él comparado con lo interior.
¿Tenemos un interior o un corazón que queramos entregar a Dios, al amor, a la verdad?
Si es así, estamos comenzando con el pie derecho en la fe verdadera. Los creyentes verdaderos abren su corazón a Dios de par en par confiadamente. Saben que Dios no los defraudará.
A veces nuestro interior se arruina un poco debido a que no nos dedicamos a meditar en la verdad, debido a que no nos cuestionamos nuestro proceder con toda sinceridad. Y eso de que se arruina un poco es porque la Gracia de Dios es grande sobre nuestras vidas y no permite que muramos más de lo que ya hemos muerto. El amor de Dios es confiable y es misericordioso para siempre, pero Él quisiera que nos sintiéramos más felices, siendo quienes de verdad deseamos ser. Él no nos condena si no condenamos a otros. Nos muestra que podemos avanzar hacia lo que más deseamos ser en la vida. Por ejemplo: cuando oramos por otros estamos haciendo una buena obra, y siendo un poco más como en realidad quisiéramos ser. El amor o la caridad es nuestra vocación común. Por eso la sencilla oración: “Dios ayuda a Fulana, a Fulano”, al igual que “Gracias Dios”. Otros que llevan más tiempo conociendo al Señor necesitan rezar el Padre Nuestro, o el Gloria Patri, y otros rezan el Ave María u oraciones a otros santos que viven en el cielo como arcángeles, ángeles o personas santas, vírgenes o mártires, siempre a favor de la humanidad. Pero, si usted está empezando, no piense en nada de esto, y déjese llevar sólo por lo que usted tiene capacidad de entender.
Otro consejo al orar:
Dios sabe que somos débiles para orar en ocasiones.
Tranquilos. Ora tranquilo.
Dios sabe que tu corazón está puesto en orar, aunque no puedas enfrascarte más mentalmente. Son etapas en la vida en las que no se tienen fuerzas, y eso no implica que estemos mal. Ora y reza igualmente. Él sabe que tú no lo puedes contener en tu mente todo el tiempo. Ora porque: El que ora no caerá en tentación (Jesús aconsejó orar para no caer en tentación.)
Salu2.





Saludos Yousdel, parece que con este nuevo formato ya puedo dejarte mis comentarios desde USA. En breve comentaré algunos de tus posts.
wooow.. que alegría.. que bueno, hermano, ya estamos en contacto de otra forma… jejeje…. Bueno de antemano, gracias por dedicar tiempo a posts de mi blog. Las mayores bendiciones. ¿Prefieres que borre este tu primer comentario o que lo deje ahí?