María intercederá por nuestra asunción el día final

Asunción significa ser llevada una persona por los ángeles hasta el Cielo.

La asunción de María al Cielo nos enseña que ella experimentó de forma única lo que es ser llevado al Cielo, porque ella a diferencia de nosotros, recibió más gracia que nosotros al ser la única mujer sin pecado concebida gracias a que fue escogida por Dios para ser la madre de su Hijo, nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Y siendo sin pecado concebida, el pecado del desamor no se puede encontrar en ninguna forma dentro de su corazón, gracias a la gracia que Dios le concede, gracias a la cual, y valga la redundancia, ayuda en dificultades con mucho amor, porque sabe como ser una gran madre. Jesucristo nos la da como madre al pie de la cruz, cuando se la da como madre al apóstol Juan, su discípulo amado, porque Dios no hace acepción de personas. Por eso ella es madre nuestra, reitero.

La primera carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses nos dice que el día final, en la parousía, o sea en la aparición de Jesucristo cuando vendrá a juzgar justamente a vivos y muertos, seremos arrebatados tanto los muertos en Cristo que habrán resucitado como los vivos que seremos transformados, y entonces seremos asuntos al Cielo y estaremos para siempre en el Paraíso con Dios. Por tanto hay dos formas de partir de este mundo, una es la muerte y la otra es ser arrebatado y asunto al Cielo, esto último será para todos, muertos resucitados y vivos, reitero. Esto nos enseña la Biblia. Por eso no dejaba de tener razón San Juan Crisóstomo cuando decía “… nuestra esperanza está llena de inmortalidad

Si nosotros rogamos a María por la hora de nuestra muerte, no está del todo mal pues ella vio a su hijo, el hijo de su sangre morir en la cruz a donde lo acompañó hasta el último momento, pero digo que “no está del todo mal” pues pienso que hablándole así estaremos dando por sentado nuestra muerte. Pero a la luz de la Biblia conviene más rogarle por la partida de este mundo, ya sea por muerte o por asunción al Cielo, pues ella vió la muerte de su hijo, pero experimentó su propia asunción al Cielo (me han dicho que primero murió pero después de unos días resucitó y entonces experimentó la asunción, o sea, los ángeles la llevaron en cuerpo y alma al cielo). No es la intención ser criticón, es que creo que así nos avenimos más a las declaraciones de nuestra fe. Ella como madre llena de amor por sus hijos intercederá ante el Señor por nosotros pecadores, en un momento tan crucial como ese.

Dios te salve, María,
llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios.
Ruega por nosotros, pecadores, ahora
y en la hora de nuestra partida de este mundo.

Amén.

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