Santa Teresa de Ávila y los confesores y el Sacramento de la Reconciliación, edición 1.5

UN ENFOQUE SANO Y SALUDABLE SOBRE LA CONFESIÓN Y LA COMUNIÓN

Santa Teresa de Ávila y sus opiniones sobre confesores

 

Un día el cura Salazar, lacayo de la Inquisición, se disfrazó de pobre mendigo y alegó ante Teresa de Ávila estar enfermo y que por eso cubría su rostro casi completamente con el fin de poder hablar con ella a ver si se equivocaba en algo con lo cual después poder presentar un argumento sólido con lo que acusarla ante el Tribunal de la Inquisición y que ella no pudiera negar haberlo dicho, sórdida trampa. Con lo que dijo Teresa, este reverendo la acusó de promover el luteranismo, de judaizar a los creyentes de la Iglesia, y propuso otros graves cargos.

Una de las cosas que este cura disfrazado presentó como pregunta a Teresa fue: ¿Necesito a sacerdotes o confesores para acercarme a Dios, y para que se llene mi vacío espiritual? Teresa, con la bondad que la caracterizaba, queriendo ayudar le dijo: No necesitamos de nada ni nadie, solo dependemos de nosotros mismos.

Este sacerdote le dijo frente al tribunal de la Inquisición que ella estaba enseñando a otras personas, contrario a lo que establecen las Escrituras: Que la mujer no enseñe. A lo que ella le respondió: El Señor a muchas mujeres les hace mercedes que a muchos hombres no.

Sobre las vidas de los santos tengo mucho que aprender. Y creo que los laicos de la Iglesia necesitamos tomar conciencia de la importancia de esto. Una persona que haya llevado una vida santa, y por tanto, de servicio a su prójimo, es una vida llena de frutos buenos. Y el árbol se reconoce por sus frutos. Si el árbol que nutrió a Santa Teresa no hubiera sido bueno, no hubiera dado frutos buenos, y hoy no sería reconocida como santa por la Iglesia. Pero, ¿A qué me estoy refiriendo con árbol?
El árbol es la verdad de la que ella se alimentaba. Si hubiera sido mentira lo que ella creía, su vida no habría sido santa en realidad.

Yo pienso que la Iglesia necesita volver una y otra vez al concepto de catolicismo. La inclusión, la no exclusión… eso es catolicismo. Si bien es cierto que hay que considerar como una verdad que Dios perdona a personas que se confiesan con un sacerdote confesor, y luego comulgan y encuentran a Cristo en su Sagrado Cuerpo y Sangre, también es cierto que Dios perdona a otras personas, como le apunta Santa Teresa al sacerdote disfrazado, independientemente si uno acude o no a un confesor, solo dependiendo de Dios y de sí mismos, y esto no es luteranismo ni protestantismo. Mi opinión es que los pecados graves se deben confesar a un sacerdote antes de comulgar, pero en los otros casos pudiera no ser tan urgente, siempre hay que analizar con sinceridad y cuidado los motivos por los que uno no se desea confesar, y lo aclaro porque no siempre está justificado el comulgar sin confesarse a un sacerdote, y porque precisamente por esto se puede prestar mi comentario para malas interpretaciones. El nombre de Dios es misericordia y su corazón también. Hay personas que pueden encontrar a Cristo plenamente, y encontrarlo en la Santísima Eucaristía. Y la Eucaristía no necesita ser defendida de los pecadores: el Cuerpo de Cristo tiene la capacidad de enfermar y debilitar, de castigar a un pecador que se acerque indignamente a él (1 Corintios 11,27.29). Pero un pecador que se haya puesto a sí mismo en seria meditación sobre sus actos, si no son graves, puede acercarse al Cristo Eucarístico, pues “El que a mí viene no le echo fuera” (Juan 6,37), así que el que viene al Pan de Vida, el Pan de vida que ha bajado del Cielo no le echará fuera. Quizás se abusa del Sacramento de la Confesión o Reconciliación en algunos casos. Creo que esto es inclusión.

Si veo muy saludable que ante la realización de un pecado grave , mortal o capital, se acuda a la confesión antes de comulgar, pues es bueno saber por medio de la valoración de un sacerdote si se debe o no ante todo el pueblo ponerse en la fila y tomar la comunión o si es demasiado malo el testimonio que esto daría ante el público sobre la Iglesia debido al pecado grave cometido.

Finalmente quiero decir que Santa Teresa murió diciendo: Al fin muero, hija de la Iglesia católica, y saque usted sus propias conclusiones sobre el tema.

En el mismo espíritu haga clic aquí y así logra mucha más aclaración aún

3 Replies to “Santa Teresa de Ávila y los confesores y el Sacramento de la Reconciliación, edición 1.5”

    • Gracias por comentar. Sólo quisiera preguntarte algo: Ya que la Iglesia de los católicos existió como única Iglesia cristiana desde el siglo 1 cuando Cristo fundó la Iglesia hasta el siglo 16 después de Cristo, ¿a partir de qué instante se convirtió en la gran ramera?

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