San Pablo y San Agustín: La fe y la salvación, dones de Dios

Santiago 1:17 dice:
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”
LA SALVACIÓN Y LA FE, DONES DE DIOS
Todo lo bueno, inclusive la fe, viene de Dios quien es la fuente primaria única de todo lo bueno.
De modo semejante ha explicado el célebre obispo San Agustín, y ha sido una de las doctrinas más difíciles de entender tanto por parte de los católicos como de los protestantes, evangélicos o no católicos.

Efesios 2:8 dice:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

La presencia de Dios no se puede fabricar, como nos ha hecho meditar profundamente el Papa Francisco. Es lógico pensar que la fe proviene de Dios y no del hombre.

Las personas piensan que esto es un error, que esto es injusto, que Dios sería arbitrario si así fuera, pero les aseguro que la justicia de Dios acompaña toda decisión de Dios, por tanto, todo lo que Dios ha hecho y hará es justo. Es justo, es misericordioso e importante que se salve toda persona a la que Dios le otorga la fe, y aún digo más, es justo, es misericordioso y es importante que se pierda y vaya al infierno toda persona a la que Dios no le da la fe, ni la salvación ni la vida eterna, y es precisamente en el Juicio final en que esta misericordia, esta justicia, se demostrará completamente y con pruebas contundentes.
LA CAUSA CONTRAPARTE: ESTAMOS A PRUEBA
Una de las causas por las que las personas dudan de esta doctrina es porque no recuerdan o no han meditado bien cierta realidad: la realidad (una vez más valga la redundancia) de que todos estamos a prueba hasta que partamos de este mundo. En breve les explico por qué pienso yo que esta es la causa.
En cierta ocasión la Virgen María y unos parientes de Jesucristo fueron a buscarlo al lugar donde estaba enseñando, y cuando una persona interrumpe su discurso para avisarle, observe lo que sucedió:
Lucas 8:21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
Esto nos muestra que aún la Santísima Virgen María estaba a prueba mientras estaba en la tierra, y lo mismo sucede con nosotros. Esta es la contraparte. Así como Dios elije, nosotros también lo hacemos mientras no sabemos qué es lo que específicamente Dios con su justicia y misericordia eligió y concedió desde la eternidad anterior a nosotros.
La causa que vengo aludiendo se observa claramente si meditamos en el hecho de que Dios ha dado la fe, la salvación, y todo lo bueno a ciertas personas que unas ya están en el cielo, mientras las que estamos en la tierra estamos a prueba y por tanto no sabemos si nosotros somos o no somos de los salvados y elegidos, al mismo tiempo de que Dios sí conoce a los que Él eligió. Estas realidades, tanto la elección de Dios como la contraparte, nuestra puesta a prueba terrenal, son las realidades que nos explican San Pablo y posteriormente San Agustín.
Pero como no nos es de extrañar, los indoctos e inconstantes tuercen todas las escrituras, tanto las de San Pablo como el resto de las escrituras de la Biblia (tal como explica San Pedro en su advertencia contra los falsos maestros en 2 Pedro 3.15,16) y por eso hay tanta división doctrinal innecesaria.

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