Aclaraciones adicionales sobre la salvación en Cristo

Aclaraciones adicionales sobre la salvación en Cristo.

La Salvación del mundo es una doctrina cristiana que parte de la concepción de un Dios de misericordia infinita y verdad que no acabará nunca.
Salmo 100.5 dice que para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.
A muchas personas que encuentran molestia en que las iglesias cristianas hablen de la salvación les debería bastar el hecho en cuestión para aceptar como algo bueno todo lo que se hable sobre esto, solo que no se puede hablar de cosas como esta si usted ha echado a las personas en cuestión al abandono y eso ha causado que hayan muerto todas sus ilusiones, como la canción. Si usted, cristiano, quiere predicar la salvación, usted necesita ser una persona congruente con su mensaje sobre ella.
Todo lo bueno viene de Dios.
La fe y las obras, todo viene de Dios, quien es la fuente única de todo bien, toda gracia y bendición. Nada de esto viene de nosotros originalmente. Nosotros decidimos cuando ya Dios había decidido. No es que nosotros esperamos pasivamente a que Dios decida. Es que Dios ya decidió y ahora es nuestro momento de buscar nuestra salvación. Y por supuesto, Dios no necesita ser salvo, sino nosotros.
Es por esa misma razón que el Evangelio nos muestra a un Dios de misericordia infinita.
No dice la Biblia en ningún lado que Dios es un Rey Soberano que olvida a sus precarias criaturas que necesitan salvarse de su humilde condición, y que solo da oportunidad a unos pocos que Él eligió sin tener en cuenta ninguna razón de justicia. Muy al contrario, Dios concede la fe y las obras para salvarse a aquellas personas que además de ser llamadas y elegidas por él, lo eligen a Él y se dan cuenta de que su amor es tan precioso y preciado que necesitan volverse unos humildes mendigos de ese Amor.
San Agustín
Esto es precisamente lo que decía San Agustín. Aunque no lo parezca por tantas actitudes malas y tanta oscuridad espiritual producida por gran parte del clero del medioevo, los protestantes no trajeron una doctrina nueva al mundo en el siglo XVI. En el siglo XIII San Francisco de Asís ya conocía y predicaba un Dios de misericordia, y una salvación basada en su misericordia. San Agustín por su parte, explicó a profundidad estos hechos de fe. Dicho con mis palabras: San Agustín como obispo y sucesor de los apóstoles enseñaba que nosotros necesitamos ser salvos, y el único que nos puede salvar es el Señor; que hay muchos tipos de seres humanos y a todos los conoce el Señor, los cuales no pueden salvarse a sí mismos. Muchísimas veces a quien menos se espera, es a esa persona a quien Dios ha salvado y elegirán ambos, Dios y la persona, pertenecer el uno a la otra y viceversa.
El ser humano es capaz de Dios
El caso que los protestantes han querido oscurecer es el hecho de que Dios ha puesto en los seres humanos todas las capacidades para elegir libremente el camino de la salvación. Sí, como lo puede leer, el ser humano es capaz de Dios. Dios le ha dado esa capacidad. Es capaz de pensar en Dios con rectitud, con justicia, con sinceridad y con verdad, es capaz de, con su mente, apropiarse de la verdad, y por tanto de Dios, quien es la verdad. Todo esto es realidad por el amor de Dios, que lo ha concedido todo.
Por eso nuestra actitud debe ser de mendigos que desean fe y obras que vivifiquen nuestra fe, para que ella nos pueda salvar, aunque las buenas obras que haga sean muy pequeñas.

Cristo murió precisamente para salvarnos a toda costa, para darles la oportunidad a todos de alcanzar la salvación. Aunque pocos son los elegidos cuando se llega a conclusiones objetivas, pero todo ser humano está siendo llamado. Esa es la misión de la Iglesia cristiana: con sus obras y con su fe, con sus actitudes y acciones diarias tenemos que hacer presente el llamado a todo ser humano, y también cuando sea necesario, con palabras de gracia.

Ser salvos del pecado
¿De qué nos salva Dios?: del pecado. Hay etapas de comprensión de varias verdades, hasta que somos hechos por Dios unos santos en Cristo, por medio de la verdad y nuestra apertura a ella, nuestra perseverancia en apropiarnos de la verdad no es todo, se necesita humildad. 

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