Al respecto de las celebraciones de los fieles difuntos y de Todos los santos el papa Francisco nos dice: «La conmemoración de los Fieles Difuntos [2 de noviembre] y la solemnidad de Todos los Santos están íntimamente unidas. La Iglesia goza por la intercesión de los santos que la sostienen en su misión de anunciar el Evangelio, al tiempo que comparte el llanto de quien sufre la separación de las personas queridas y agradece que Jesucristo nos haya liberado del dominio del pecado y de la muerte. Es bello pensar que la muerte del cuerpo es como un sueño del que Jesús mismo nos despertará. La Iglesia siempre ha exhortado a rezar por los fieles difuntos, ofreciendo por ellos la celebración eucarística, que es la mejor ayuda espiritual que podemos ofrecer a las almas, particularmente a las más abandonadas. El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son el testimonio de la confiada esperanza radicada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, porque el hombre está destinado a una vida sin límite que tiene su raíz en Dios.»
Después de leer las sabias palabras del Santo Padre no podemos concluir otra cosa: Dios está en el maravilloso oficio de terminar con un enemigo llamado la muerte y sus ideologías asociadas, dentro de la Iglesia de Cristo, el Dios vivo que ha vencido definitivamente la muerte ya que es la Resurrección y la Vida.
Hay quienes piensan que las ideologías asociadas están excluidas. Eso es un error. Quien no cree que “la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana” tiene que tomar además acciones que reflejen dicho pensamiento en la vida práctica y cotidiana, por supuesto. “No todos dormiremos pero todos seremos transformados”. Eso debe expresarse en la vida práctica y cotidiana, en nuestras oraciones, y en nuestra forma de ver a Dios, a la Virgen, a los santos, la santa misa, el Rosario… en fin, a todo lo relacionado con el Reino. Así podremos estar conscientes de que el Señor puede venir en cualquier momento.



