DEUTEROCANÓNICOS
He querido redactar un artículo con información acerca de este tema, que -como acostumbro tratar- es de los debatidos o polémicos. Aunque no es mi objetivo polemizar, sino esclarecer la verdad o los hechos.
Estamos hablando de 7 libros y fragmentos que no incluyen las Biblias que leen los protestantes, y que sí incluyen las Biblias que leen los católicos.
¿Sobran o faltan?
LA PALABRA “DEUTERO”:
Deutero, viene del griego que quiere decir segundo.
Por eso, Deuteronomio quiere decir segunda ley.
Deuterocanónico, quiere decir del segundo canon, de la segunda lista, del segundo registro.
LA PALABRA “APÓCRIFO”:
Los protestantes o no-católicos llaman a estos libros y fragmentos como “libros apócrifos”. La gente piensa erróneamente que la palabra “apócrifo” quiere decir “falso”, “apócrifo” en griego quiere decir “escondido” y no falso. Así, como se observa hasta aquí, se usa normalmente un lenguaje un tanto equivocado.
Los libros apócrifos no son los libros deuterocanónicos a los que nos estamos refiriendo en este artículo. Son los evangelios, las epístolas, los apocalipsis que la iglesia quitó en el Concilio de Cartago en el año 397 después de Cristo, y fueron retirados porque no tenían origen apostólico, la iglesia los quitó y los guardó, desde entonces están solo en Bibliotecas y no aparecen para nada en el uso común de la iglesia, como los libros de liturgias y lecturas de la palabra en misa.
En cambio, los libros que están en las Biblias de los católicos, que no están en las Biblias de los protestantes, son libros deuterocanónicos, o por lo menos, así les llaman los eruditos. Libros del segundo canon, de la segunda lista, o del segundo registro.
QUÉ LIBROS O FRAGMENTOS SON:
Tobías
Judit
Adiciones al libro de Ester
Adiciones al libro de Daniel
1 y 2 Macabeos
Sabiduría o Sirácides
Baruc
CUÁL ES EL QUID: ¿POR QUÉ DEBEN ESTAR EN LA BIBLIA?
Estos libros son considerados como parte de la lista de libros que son de interés de la iglesia cristiana por las siguientes razones:
Existe una importante traducción del Antiguo Testamento llamada LXX o Septuaginta. Esta traducción contiene estos libros. Y esta traducción es precisamente la que citan todos los escritores del Nuevo Testamento, que son los escritores que pertenecen a la Iglesia cristiana. Si la forma de citar no fuera tan exactamente la de la Septuaginta quizás podría haber lugar a dudas.
Por esa razón es más seguro contemplar estas escrituras como del dominio de los cristianos para que no vaya a cometerse el grave error de exponerse a perderse alguna palabra de Dios para nuestra vida. Nunca debemos olvidar que es precisamente la verdad la que nos hará libres (Palabras de Jesús en Juan 8.32), y si nos perdemos alguna verdad, podemos estar corriendo un riesgo fatal. Este es el espíritu que animó a los obispos católicos a incluir estos libros y estas son las causas de porqué fueron incluidos: ya la Septuaginta los tenía incluidos.




Tal y como Ud. lo explica parecería sencillo… pero no lo es tanto… por ej: En la epístola de Judas se cita al libro de Enoc, el cual estaba en la LXX y sin embargo ya no está entre los deuterocanónicos… ¿por que?
No, pero es de los otros apócrifos, y la iglesia ortodoxa griega los acepta.
y la etíope tambien… pero ¿por que no la catolica? Se argumenta que por su antiguedad, por ser un libro relativamente joven que no se puede adjudicar directamente al Enoc del Génesis… a mi m´s bien me parece que se trata de con contradecir la biblia con el tema de las fechas…
Bueno, amigo y hermano, yo no esperaba tratar sobre los libros apócrifos que ni siquiera están en la Biblia católica, yo esperaba una conversación con evangélicos sobre los 7 libros que aludo aquí, yo particularmente leería con gusto los libros apócrifos como el de Enoc y los demás, y no dudaría de ellos, la etíope y la ortodoxa son iglesias católicas en su doctrina igual , digo hasta donde conozco, pero nunca he leído sobre el tema que usted trae a mi consideración, cuando lo conozca espero poder responderle.
Saludos y gracias por visitar y por traer algo tan interesante para tratar conmigo.
Hermano, parece ser que hay dudas de la autenticidad de algunos apócrifos y su origen , dudas en cuanto a sus autores como usted había mencionado,
por eso la iglesia católica latina los quitó de su Biblia, pero yo particularmente leería estos libros pues me parece que la iglesia ortodoxa los conservó en su Biblia para que la gente los lea y no se pierda ninguna palabra de Dios por si las dudas no fueran ciertas. Siempre es muy sano y sensato ir con seguridad por la vida y no correr ese tipo de riesgos, como usted afirma. La iglesia latina no es perfecta pero no la ataquemos por eso. Hay que seguir adelante con fe.
Hola:
Hay tres textos bíblicos en los que se usa la palabra griega a·pó·kry·fos en su sentido original para referirse a algo “cuidadosamente ocultado”. (Mr 4:22; Lu 8:17; Col 2:3.) En lo que respecta a escritos, en un principio aplicaba a los que no se leían en público y por lo tanto estaban “ocultados” de otros. Sin embargo, más tarde esa palabra adquirió el significado de espurio o no canónico, y en la actualidad se suele usar con referencia a los escritos que la Iglesia católica romana declaró parte del canon bíblico en el Concilio de Trento (1546). Los escritores católicos los llaman deuterocanónicos, que significa “del segundo (o posterior) canon”, a diferencia de los protocanónicos.
Sobre estos existen opiniones católicas divergentes. Por ejemplo Agustín (354-430 E.C.) fue el primero en intentar incluir estos escritos en el canon bíblico, aunque en obras posteriores reconoció que había una clara diferenciación entre los libros del canon hebreo y esos “libros ajenos”. Sin embargo, la Iglesia católica, siguiendo a Agustín, los incluyó en el canon de los libros sagrados fijado por el Concilio de Cartago en el año 397 E.C. No obstante, no confirmó definitivamente que aceptaba estos escritos en su catálogo de libros bíblicos sino hasta el año 1546 E.C., en el Concilio de Trento, y esta acción se juzgó necesaria debido a que había diferentes opiniones al respecto, incluso dentro de la Iglesia. Juan Wiclef, el sacerdote y erudito católico romano que en el siglo XIV hizo la primera traducción al inglés de la Biblia con la ayuda posterior de Nicolás de Hereford, incluyó los libros apócrifos en su obra, pero en el prefacio de esta traducción dijo que esos escritos “carecían de la autoridad conferida por la aceptación general”. El cardenal dominico Cayetano, principal teólogo católico de su tiempo (1469-1534 E.C.), a quien Clemente VII llamó la “lámpara de la Iglesia”, también distinguió entre los libros del canon hebreo verdadero y las obras apócrifas, para lo que se apoyó en la autoridad de los escritos de Jerónimo.
Debe notarse así mismo que el Concilio de Trento no aceptó todos los escritos que se habían aprobado en el anterior Concilio de Cartago, sino que excluyó a tres de estos: la Oración de Manasés y Primero y Segundo de Esdras (no los libros 1 y 2 Esdras que en la versión católica Torres Amat corresponden a Esdras y Nehemías). Así, estos tres escritos, que por más de mil cien años habían formado parte de la versión aprobada de la Vulgata latina, a partir de entonces quedaron excluidos.
Aparte, la prueba interna de estos escritos apócrifos cuestiona aún más que la externa su canonicidad. No existe en ellos el elemento profético. Su contenido y enseñanza en ocasiones contradice a los libros canónicos y ellos mismos también se contradicen entre sí. En ellos abundan las inexactitudes históricas y geográficas y los anacronismos. En algunos casos, los escritores son culpables de falta de honradez al presentar falsamente sus obras como si fuesen de escritores inspirados de épocas anteriores. Demuestran estar bajo la influencia griega, y en ocasiones recurren a un lenguaje extravagante y un estilo literario totalmente ajeno al estilo de las Escrituras inspiradas. Dos de los escritores dan a entender que no fueron inspirados. (Véase el prólogo de Eclesiástico; 2 Macabeos 2:24-32; 15:38-40, BC.) De modo que se puede decir que la prueba más contundente contra la canonicidad de los libros apócrifos son ellos mismos.
Salu2